Historia del baloncesto, dentro y fuera de la pista…fallece Bill Rusell, activista de los derechos civiles

Difícil encontrar alguien en la historia del deporte que haya ganado tanto como Bill Russell lo hizo con los Celtics. Antes de Nadal y las Williams, de Michael Jordan y los Bulls de Chicago, Tom Brady o Pelé en la canarinha, este hombre de dos metros consiguió once títulos en trece temporadas con los de Boston, entre 1956 y 1969.

“Fue el más grande campeón de todos los deportes en equipo”, lo ha calificado este domingo Adam Silver, el comisionado de la NBA, en un comunicado. Silver se detiene en su despedida en uno de los rasgos que han hecho que Russell destaque más allá de las canchas, su activismo por los derechos civiles de las minorías negras. “Bill luchaba por algo más grande que el deporte: los valores de la igualdad, el respeto e inclusión, que se han estampado en el ADN de nuestra liga”, indica el comisionado, un amigo cercano de la leyenda fallecida este domingo. “Usualmente lo llamo el Babe Ruth del baloncesto por cómo su figura trasciende el tiempo”, añade. Junto a Wilt Chamberlain, fue uno de los primeros astros de la liga nacida en 1946. Desde 2009, el trofeo al MVP de las finales de la NBA lleva su nombre.

Russell, originario de Luisiana, se convirtió en la primavera de 1966 en el primer entrenador negro de la NBA. Lo hizo en la turbulenta década en la que surgieron varios movimientos por los derechos sociales para acabar con la segregación racial en varias partes del sur de Estados Unidos. En la primera conferencia de prensa que dio, una incómoda cuestión que todos esperaban llegó en el tercer turno de preguntas. ¿Puede entrenar a blancos sin prejuicios? “No recuerdo que nadie preguntara entonces a un entrenador blanco si podía entrenar negros sin prejuicios, así que todo lo que respondí fue sí”, dijo Russell en 2011 a The New York Times.

Dos de los títulos que ganó con los Celtics los consiguió también dirigiendo el equipo desde el banquillo, un rol que compaginaba con el de pívot en una época en la que la NBA no era tan profesional como la de ahora.

“Bill señalaba las injusticias con una sinceridad implacable, con la que esperaba alterar el status quo y con un poderoso ejemplo, aunque no era su intención, inspirara a trabajar en equipo de forma desinteresada y para lograr el cambio”, señala su familia en un comunicado. A pesar de ser una de las grandes estrellas, nunca pisó el Salón de la fama de Springfield porque, creía, él representaba el juego en equipo y no los logros individuales.

Notablemente, Russell era llamado el hombre de los brazos largos y las opiniones fuertes. Durante su trayectoria, promedió 22 rebotes y 15 puntos por partido. En la postemporada de 1961, promedió 30 rebotes por encuentro. Su estilo de juego cambió la forma de defender para siempre. Comenzó a estudiar las formas de bloqueos y tapones para entender la trayectoria de la pelota y así poder comenzar la ofensiva de una forma más veloz. Fuera de las canchas, sin embargo, era un tipo complicado para los fanáticos. No daba autógrafos y esperaba satisfacer a sus seguidores con un apretón de manos. Como entrenador despreciaba absolutamente las entrevistas.

El mundo del deporte se ha rendido a los pies de la leyenda de Russell. Desde Martina Navratilova, quien lo ha llamado “un gigante en todo sentido de la palabra”, hasta el propio Michael Jordan, quien lo ha llamado un “pionero” y “un ejemplo para todo jugador negro que llegó a la liga después de él”. Las figuras de la NBA actual, como Jayson Tatum y James Harden, lo han despedido, pero también lo han hecho figuras de la cultura y la sociedad estadounidense.